El imperio contra ataca. Machismo en Rosas de acero
Ficha técnica
Director: Felipe Degregori.
Año: 2007
País: Perú.
Duración: 22 minutos.
Se pueden entrever algunos de los problemas de la población trans, como la búsqueda de la identidad y la lucha por levantar el cerco social que les impide el acceso a la educación, la salud, la vivienda, el libre tránsito, la participación política y el empleo. Este último, el derecho al trabajo, al ser negado, deriva en el invariable camino de la prostitución como alternativa para satisfacer sus necesidades básicas.
La presentación del documental se subtitula con la frase “para ser travesti hay que tener cojones”, recurso que borra de plano las buenas intenciones que pretende conseguir Degregori. Si bien la frase salió de una de las mismas entrevistadas, Degregori la hace suya y la destaca como idea de apoyo al título de su obra Rosas de Acero. El título “Rosas de Acero” esgrime el símbolo de la flor: que por un lado alude a la delicadeza, la frescura, la belleza, el colorido, el enigma, el encanto y la atracción; pero también de otro lado refiere a las espinas como recurso defensivo que pueden herir o dañar, por la protección de su integridad, y que haciendo un símil también confrontan, cuestionan o arremeten contra el estilo de vida enmarcado en el binario sexual que asfixia y oprime toda otra forma de vivir nuestra sexualidad. La rosa por ser tan preciada, atesora esa belleza con las espinas, con ellas defiende su ser, su identidad. Por tanto, en la frase rosas de acero se conjugan la delicadeza de la rosa con su fortaleza, con las espinas que las protegen y defienden, que increpan y alteran su asociación con la pasividad, reforzada con la presencia del acero, la entereza, lo inquebrantable de su ser. La rosa, asociada a lo femenino, también estaría significando la dureza, la energía, del acero. En efecto, las travestis se atreven a asumirse con decisión inquebrantable, a pesar de la exclusión social y de toda la violencia que ella conlleva.
Sin embargo, esta decisión de asumirse travesti (o transexual o transgénero) contraviniendo estigmas y prejuicios, no está alimentada de la fuerza que proviene de los cojones, como destaca Degregori en el encabezado de su documental, con la alusión a la bolsa escrotal que produce y contiene el semen, que otrora convertiría al sujeto en semental, leit motiv del machismo. Si la fuerza que impulsa la decisión de asumir la identidad trans está en los cojones, la urna que atesora el principio masculino por excelencia, se plantea una contradicción, puesto que al otorgarse una fuerza omnipotente y superior a lo masculino, termina siendo el elemento que suple de las agallas necesarias para desafiarse en el mismo principio masculino, sucumbiendo a su antítesis femenina: se genera un ciclo cerrado y vicioso: soy un hombre, que me desafío porque soy hombre, para afirmarrme como hombre. Realmente incomprensible. Con ello se logra desvalorar, mediatizar, lo femenino y reiterar el predomino masculino sobre lo femenino, sobre la identidad que las travestis privilegian. La mujer no vuelve a contar aquí y queda relegada a la invisibilidad por carecer de valor.
Degregori, con este subtítulo, reduce las posibilidades de interpretación que su documental puede abrir, al mismo binarismo de lo masculino y lo femenino, indicando que es ciego a lo que sus testimoniantes representan para un sistema tan estricto como el nuestro, más allá de lo que sus propios discursos dicen.
Mucho del valor y la complejidad de lo que el documental quiere dar a conocer se ve negado con el subtítulo. Una travesti dijo: “esa es mi realidad, soy hombre vestido de mujer”. Otras dijeron: “nunca voy a ser mujer”, pero no insinuó tampoco que era hombre; “no me creo mujer, solo soy femenina”; y la entrevistada que dijo que además de ser femenina desgraciadamente hay que tener huevos, cojones, no se nombra hombre. En todo caso hay una profusión de discursos contradictorios que no logran resolverse desde la binariedad sexual y de género en que se sustentan nuestras sociedades, por el contrario, ese orden los sitúa en el limbo de la marginalidad, causando todo tipo de atropellos al aventurarse fuera de los límites del género vigente.
Creo realmente que la fuerza que impulsa la defensa de la identidad travesti (y de todas las identidades trans) proviene del sentido de libertad y de dignidad, no proviene ni de testículos ni de ovarios. Degregori desluce y pierde el paso con esta infeliz frase que intenta fundamentar el género en el sexo, camino ya desbaratado por la impronta feminista.
Belissa Andía Pérez
Secretaria Trans ILGA
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